3 mar 2011

Ya ha llegado la Fira de Ram!!!

En mi ciudad cada año ponen una feria de cacharritos. Parque de atracciones ambulante, lo llaman. Que moderno!
A mi me gusta mucho. Saco a pasear a la niña de cinco años que llevo dentro y me lo paso de puta madre montándome en todo lo que salte, gire y tenga lucecitas.
Bueno, no siempre me lo paso bien... Me viene a la memoria y me enfermo.


Una tarde decidimos ir de feria; y como novedad, nos quisimos montar en una de esas camas elásticas con arneses. Parecían TAN divertidas.
Una de mis amigas no se montó, porque estaba embarazada y no lo veía seguro.
Su marido, después de cuatro saltos, empezó a marearse (?) y se bajó.
Sin embargo mi otra amiga, saltaba y hacía piruetas como si hubiera nacido para ello.
Llegó mi turno:
Con la agilidad que me caracteriza me subí a la cama elástica y vino un muchachito a ponerme los arneses. Preguntó mi peso para graduar los elásticos y cuando se lo dije puso una de esas caras de "si, ya, claro" y me enchufó correas como para soportar a Falete.
Cuando terminó, empecé a saltar.
Aquello no funcionaba...
-¡Date impulso y luego giras!- Me decía mi amiga, entre saltos mortales. (como si fuera del circo oiga!)
Y yo lo veía tan fácil,que le hice caso. ¡¡error!!
Bote...
Bote...
Bote...
Bote... y sin lograr coger altura. Eso sí, la cama elástica cada vez quedaba más lejos de mis pies, y yo cada vez cogía menos impulso.
Bote...
Bote...
Bote...
Los elásticos del arnés volvían a su tamaño y comenzaban a estirarme de las sujeciones de las piernas... y claro, se encogían ante el dolor!!!  (Llegué a tener las rodillas más cerca de las orejas que los hombros.)
Bote...
Bote...
Bote...
(Además, a la altura del pecho había empezado a desplazarse hacia arriba, y claro, con el par de estanterías que me gasto, aquello empezó a subir, ¡¡parecia que tenia paperas!!)
Ya no podía botar!!! Dejé de sentir los pies. (aunque estando a medio metro de la cama elástica tampoco podía hacer mucho con ellos, salvo patalear. )
La presión de las tetas en la garganta no me dejaba respirar, y sin oxigeno no se puede pedir ayuda.
Los cabrones de mis amigos, que no estaban montados en los elásticos, no hacían más que mearse de la risa... hasta que empecé a ponerme azul.
Entre risas y pitorreos, uno de ellos, (a día de hoy aun no sé cual... las voces me llegaban como distorsionadas) alcanzó a decirme:
- Suéltate de los arneses!!!
En ese momento, casi sin oxigeno en el cerebro, la choni rubia que vive en mi, (la Jenny para los amigos) que era la única que podía tomar decisiones en ese momento ( aceptémoslo, está acostumbrada a trabajar sin cerebro) decidió tomar el control de la situación; y hacer lo que las voces distorsionadas le decían.
Y, de entre todos los enganches, decidió soltar el que tenía más a mano.... EL DEL PECHO.
Por fin hice mi primera voltereta!!!!
Aunque el resultado no fue lo que esperaba... seguía enganchada por las piernas, a medio metro de la cama elástica, pero cabeza abajo.
Las tetas seguían oprimiédome la garganta (maldito Newton, ya hablaremos tu y yo del rollo ese de la gravedad...) pero afortunadamente la sangre volvía a mi cabeza... ¡¡TODA A LA VEZ!!
En un esfuerzo sobrehumano, conseguí soltarme un de las piernas.
Vamos, sólo me faltaba uno más para dejar de estar colgada como un chorizo a secar.
Al corro de cachondeos de mis amigos se habían sumado los feriantes de los alrededores, y la clientela del chiringuito, que aprovechó la ocasión para hacer agosto con el espectáculo.
Tomé una bocanada de aire, y decidí liberarme del único arnés que me quedaba.

A partir de aquí, lo recuerdo todo en cámara lenta...
Apreté el botón...click.....comencé a caer... despaaaacio, hasta la cama elástica....plaaaaaaafffff.... mientras el arnés se alejaba hacia el cielo...sssshhhhhhhhhiiiiiiuuuuuuuu......y el muchachito de la atracción se giraba..... nooooooooo......y el arnés bajaba de nuevo......ssssshhhhhiuuuu.... y yo me arrastraba como podía hacia el borde...y el arnés volvía a subir.....sssshhiiiiiuuuuu.
Creo que el chico me gritaba algo mientras me alejaba, pero tenia un zumbido en los oídos que no me dejaba enterarme de nada.
La gente me aplaudía, y los del chiringuito me invitaron a una Pessi, por el espectáculo. Supongo que también por la recaudación.

A todas estas, mi otra amiga seguía haciendo triples saltos mortales hacia atrás, como si trabajara de trapecista en el circo.

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